Los ‘drones buenos’

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El uso de aviones no tripulados se abre paso con fines humanitarios o de cooperación al desarrollo

Un dron equipado con una cámara especializada sobrevuela el espacio aéreo de Filipinas durante 30 minutos, recogiendo imágenes detalladas de unas 200 hectáreas de terreno. Pero, pese a la imagen que series como Homeland han proyectado de estas aeronaves no tripuladas, el aparato no busca refugios yihadistas ni se dispone a bombardear una base terrorista. Sus intenciones son mucho más pacíficas. Analiza la costa para detectar qué puntos serían más vulnerables ante una inundación o un huracán, y así poder tomar medidas preventivas.

Conocidos principalmente por su uso militar, fotográfico o aficionado —o por los planes que tienen para ellos grandes cadenas de venta online— los drones se abren paso en la cooperación al desarrollo, la ayuda humanitaria y la prevención y respuesta ante desastres. Los usos pueden ser casi infinitos, como señala Haidar Baqir, experto del Programa Mundial de Alimentos, el organismo de Naciones Unidas encargado entre otras cosas de la logística y las comunicaciones en las crisis humanitarias. Localización de heridos y evaluación de daños, transporte, comunicaciones, acceso a lugares donde no se puede llegar de otra forma…Y el ahorro frente al uso de aviones, helicópteros u otras misiones es enorme, y puede serlo cada vez más. La seguridad del vuelo es uno de sus pocos peros.

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